Embajada Cultural de Pueblos Milenarios

Lo que vale un Potosí.

Lo dijo Cervantes en el Quijote, hablar de la ciudad boliviana de Potosí en la Colonia, era hablar de riqueza. Se dice que en la fiesta del Corpus Christi, se adoquinaba con plata la calle del Empedradillo, por donde pasaba la procesión. Una montaña entera de riqueza ha sido explotada desde hace siglos. Se ha sacado tanta plata del Cerro Rico, que ha perdido 400 metros de altura en cinco siglos.
La plata de este cerro se conocía desde el tiempo de los incas. Cuenta la leyenda que cuando llegó Huayna Cápac, se llamaba SumajOrcko (cerro hermoso), y estaba cubierto de vegetación y tenía vida. Los incas comenzaron a extraer la plata, pero un bramido de la montaña, probablemente por la actividad volcánica, les hizo desistir. El cerro había hablado y había dicho que la plata no era para ellos.
Cuando llegaron los españoles y conocieron de esta riqueza, recuperaron la figura incásica de la Mita, que consistía en el trabajo forzoso de los indígenas en la mina. 16.000 indígenas eran trasladados anualmente desde todo el Virreinato del Perú hasta las minas de Potosí. La mayoría moría.
Antes de llegar al cerro, está el barrio del Calvario, conocido también como el mercado minero. Se le denominó así, porque era el inicio del sufrimiento y de la muerte. Se dice que con la plata extraída del Cerro Rico se podría hacer un puente entre América y España y otro de regreso con los cadáveres de mitayos y mineros. La industria de la plata originó un avance tecnológico sin precedentes, con una extracción que contaba con ingenios para el procesamiento de la plata, y cinco lagunas artificiales. La Casa de la Moneda en Potosí se convirtió el centro donde se acuñaban monedas que circulaban por el mundo.
Ahora ya quedan pocas vetas de plata en la piel de la montaña. Sin embargo hay otros materiales. En el siglo veinte fue el estaño el que dio riqueza a tres familias bolivianas encabezadas por Simón Patiño, Mauricio Hoschild y Víctor Aramao, los llamados Barones del Estaño. Ahora lo que se extrae es el llamado mineral complejo, que es una mezcla de varios elementos, y desde que se nacionalizaron las minas en 1952, son cooperativas bolivianas las que extraen lo que queda de riqueza.
El Calvario sigue siendo parada obligatoria para proveerse de los elementos mineros. Desde dinamita, que no está prohibida, y es usadaen las tareas de la mina, y también en las huelgas y protestas de mineros, hasta aguardiente y la coca, que son utilizados como estimulantes, y también como ofrenda al “tío”, el dios de la mina, el que reina en la oscuridad, que puede ser el diablo, pero al que si se le dan ofrendas, puede hacerte rico. El sueño de plata de los que trabajan en el subsuelo, rodeados de polvo de silicio, silencio y oscuridad. (Óscar Jara Albán - Ruta Inka 2016)

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